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9 abril, 2021

La práctica temeraria donde los luchadores se juegan la salud

Imágenes de luchadores dándose baños calientes o envueltos en toallas para sudar y deshidratarse. Tiritonas, desmayos, pérdidas de conocimiento, muecas de dolor, pesajes completamente desnudos escondidos detrás de una tela. El corte de peso es una de las prácticas más peligrosas y complejas de los deportes de contacto, que se magnifica en disciplinas como las artes marciales mixtas (MMA). Básicamente es una polémica práctica que consiste en pelear en una categoría inferior al peso real del luchador. Para Gonzalo Campos, el mejor analista de MMA en español y cabeza pensante de GeneraciónMMA, es “un atraso increíble en el mundo de las MMA y los deportes de contacto”.

El caso que hizo saltar las alarmas más recientemente fue el de Julija Stoliarenko, que se desvaneció sobre la báscula en dos ocasiones y tuvo que abandonar el pesaje en camilla. Antes que ella otros peleadores de MMA han visto amenazada su salud por cortes de peso excesivos.

Khabib Nurmagomadov vio peligrar su vida en el UFC 209, retirándose de la pelea tras ser ingresado en un hospital al tratar de cortar 12 kilos. Un corte todavía más drástico tuvo que hacer la leyenda Renan Barao, famoso por llegar a cortar hasta 13.5 kilos para pelea, y en UFC 177 se desmayó en el baño y se golpeó en la cabeza, perdiendo el conocimiento y teniendo que ser hospitalizado.

Para evitar estos sustos, no son pocos los luchadores que han ido cambiando de división de peso según avanzaban en sus carreras. El ejemplo más mediático es el de un Conor McGregor que desde que llegó a la UFC ha pasado por el peso pluma (65.8), peso ligero (70.3) y peso wélter (77.1). O el de un Johny Hendricks cuyo peso real ronda los 90 kilos y ha peleado en 77.1 y 83.9, fallando en multitud de ocasiones en el pesaje.

Un caso muy preocupante fue el de Darren Till en su preparación para UFC London, cuando permitió que un equipo de grabación documentase los últimos coletazos de su corte de peso. El resultado era dantesco, con imágenes de Till con verdaderos problemas para levantarse del suelo, saliendo a gatas de la sauna y tumbado, mientras aseguraba que tenía problemas de visión. Finalmente se pidió a las cámaras que no siguieran grabando y el británico no pudo dar el peso.

Sin embargo, los casos más dramáticos siempre han sido los protagonizados por la brasileña Cris Cyborg, quien fuera de temporada está en aproximadamente 79kg y no era capaz de dar el peso para pelear en 61 kilos. La mejor opción era competir en un catch weight de 63.5, pero seguía con problemas para bajar tanto peso y en 2017 varias comisiones atléticas comunicaron que no permitirían que Cyborg luchase en ese peso por temas de salud. Fue entonces cuando la UFC creó la división del peso pluma (66kg) y le dio la oportunidad de pelar.

“El cambio drástico que se ve en la báscula es un peso trampantojo”

“Lo que la gente tiene que entender es que no es lo mismo bajar de peso que cortar peso”, me aclara David Rojas, nutricionista que trabaja con nombres propios de los deportes de contacto en España, como Dani Bárez (MMA), Enrique ‘Wasabi’ Marín (MMA), Antonio Campoy (K1), Tito Beltrán (BJJ) o Toni Boluda (BJJ). “Bajar de peso es algo que se logra de manera natural y gradual haciendo pequeños ajustes en cuanto a las calorías y reparto de nutrientes en la alimentación. Algo sostenible y a lo que tu cuerpo se adapta, pero el corte de peso es completamente diferente. Básicamente pierdes agua y glucógeno. Si en períodos cortos de tiempo utilizo mecanismos que me ayuden a vaciar ese glucógeno, no sólo se irá su peso sino que también tres veces su peso molecular en agua”, me explica. “Pero el cambio drástico que se ve en la báscula es un peso trampantojo. Es un organismo al que le he sacado el agua como una uva cuando se convierte en pasa. Es un peso irreal para el día del pesaje, que te permite meterte en una categoría inferior”.

Sin embargo, no hay que llevarse a engaños. Cortar peso es mucho más complejo que dejar de comer y beber. “Es más complicado que eso. Se pierde peso y luego hay que cargar de nuevo. Está claro que puedes recuperar peso comiendo pizzas porque es un luchador que está seco cual esponja, pero no es lo mismo meter esa esponja dentro de un barreño con agua o uno con una sustancia asquerosa. Va a absorber igual, pero el resultado no va a ser el mismo”, me aclara David Rojas.

El arte de hacer trampas engañando a la báscula

Pese a ser peligroso, complejo y perjudicial para la salud, el corte de peso es algo normalizado en los deportes de contacto. Aunque compañías como la asiática ONE FC han cambiado la política de pesajes tras la muerte de Yang Jian Bing después de sufrir un paro cardíaco por deshidratación en 2015, hoy por hoy sigue utilizándose. “El corte de peso es profesionalizar hacer trampas”, me cuenta Gonzalo Campos. “Alguien vio que podía perder un par de kilos y recuperarlos después, entre el pesaje y la pelea. Esa trampa se ha ido profesionalizando hasta el punto de que a mí me han llegado a decir peleadores de la UFC como John Dodson que es parte del trabajo de peleador”.

Sin embargo hablamos de una parte del trabajo nada agradable, tal y como me confiesa el también UFC Ilia Topuria. “Para mí y para la gente con la que tengo una relación más cercana es de las partes más difíciles [de las MMA]”, me comenta. “Pelear es a lo que estamos acostumbrados y durante todo el campamento [previo a un combate] nos entrenamos para ello, pero para el recorte… Creo que nadie está preparado para recortar. Es una de las cosas que te hace frenarte para no pelear tan frecuentemente”.

Precisamente ese último apunte de Topuria lleva a lo que muchas voces entendidas reclaman desde hace tiempo: más categorías y, por tanto, más combates. “Lo que el deporte necesita es que se creen más divisiones de peso para que se pudiera pelear con más frecuencia y la gente tuviera un récord de 50-0, 40-10 y cosas así como en el boxeo. Se podrían hacer más peleas porque el recorte de peso la verdad es que es horrible”, me cuenta el luchador hispano-georgiano.

“Yo veo una solución muy clara”, me explica Gonzalo Campos. “Lo primero que haría es ser honesto con las categorías de pesaje y el peso de cada uno. ¿En qué peso crees que puedes pelear? ¿En qué peso puedes estar sano para poder pelear? Se pacta la pelea en una categoría y se hace un seguimiento del peso de los peleadores. Para una promotora pequeña es imposible, pero grandes como la UFC sí pueden calibrar eso”, continúa. “Lo que no tiene sentido es que en el gimnasio te pelees con gente de tu peso natural y para el combate hagas la tontería de bajar de golpe diez kilos para el pesaje, jugarte tu integridad física, y luego subir al peso en el que sueles pelear”, concluye. Una cuestión de honestidad y profesionalidad que alargaría las carreras de los luchadores, multiplicaría el número de combates y beneficiaría a un deporte muy consolidado, pero con un asterisco con las puntas muy afiladas.