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29 agosto, 2020

El legado de Jackie Robinson cada día es más grande y trascendente

(EFE). El tradicional ‘Día de Jackie Robinson’ tendría que haber sido el pasado 15 de abril, pero la pandemia del coronavirus lo impidió, y el mundo del béisbol profesional de las Grandes Ligas tuvo que esperar hasta la jornada del 28 de agosto para celebrar su “colosal” aportación en la lucha racial.

Nunca una fecha de celebración del ‘Día de Jackie Robinson’ tuvo tanto significado como la vivida en la reducida temporada del 2020, debido a todos los acontecimientos sociales que sacuden al país y en especial a la comunidad negra y al mundo del deporte.

La fecha del 15 de abril es la original en la que Robinson, en 1947, rompió la barrera racial de las Grandes Ligas al ser alineado como segunda base de los Dodgers de Brooklyn. De esa manera, Robinson cambió por siempre el béisbol y la sociedad.

Este año, la transición del 15 de abril a esta fecha no fue casualidad.

El 28 de agosto de 1945, el presidente y gerente general de los Dodgers, Branch Rickey, le comunicó a Robinson que él sería la cara de la integración racial del béisbol.

También le advirtió sobre las presiones y los obstáculos que vendrían y que debería enfrentar como pionero de esa lucha racial.

El 28 de agosto también fue la fecha, en 1963, de la Marcha sobre Washington en 1963. Ese día, Martin Luther King Jr. hizo su famoso discurso de “I Have a Dream” (Tengo un Sueño) ante un público estimado en 250.000 personas.

De esa manera, King impulsó aun más el Movimiento de los Derechos Civiles. El evento, al que asistió Robinson, tuvo el mismo impacto que la integración de Robinson a las Grandes Ligas.

“Mientras esté el nombre de Jackie Robinson todos los años, eso es lo único que cuenta para mí”, dijo Tommy Davis, jardinero negro de los Dodgers que ganó títulos de bateo tanto en 1962 como 1963.

“Tiene que ser recordado todos los años, el resto de nuestras vidas, por el hecho de que fue el primer pelotero negro, un hito que ahora más que nunca vemos la importancia que tuvo cuando 74 años después el conflicto de la integración racial está aun más presente que nunca en la sociedad estadounidense”.

La consciencia de esa importancia de parte de Rickey lo llevó a pedir una reunión en su oficina con Robinson aquel 28 de agosto de 1945.

Rickey puso a prueba la persistencia de Robinson al simular situaciones bien feas que el joven de 26 años enfrentaría como el hombre con la responsabilidad de romper la barrera racial de Grandes Ligas.

De acuerdo a los historiadores del béisbol, en esa reunión, Rickey hizo el papel del “compañero hostil, el oponente abusivo, el aficionado que insulta y el difícil empleado de hotel”.

Mientras que Robinson, en todo momento, mantuvo la compostura, no se alteró nunca, y por el contrario pensaba seriamente sus respuestas cuando se le hacia una pregunta.

Y luego llegó la parte famosa de la conversación. Robinson preguntó, “¿Sr. Rickey, quieres un pelotero con miedo de devolverle la provocación?”, fue entonces cuando Rickey le contestó: “Quiero un pelotero con las agallas de no devolver la provocación”.

Dieciocho años después, Robinson -retirado como jugador después de 1956- seguía con una voz influyente en los Estados Unidos.

Ambos candidatos a la presidencia en 1960 querían su apoyo, lo cual al final fue para el nominado del Partido Republicano, Richard Nixon.

Robinson no quedó impresionado con John F. Kennedy, el candidato del Partido Demócrata, cuando lo conoció en persona. En años posteriores, Robinson lamentaría su decisión de respaldar a Nixon.

Después de ganar aquella elección de 1960, Kennedy se convirtió en un propulsor de los derechos civiles, apoyando un proyecto de ley en ese sentido.

Pero, les dijo a los líderes negros que necesitaba más votos republicanos en el Congreso para garantizar que dicha iniciativa se convirtiera en ley.

Kennedy sabía que la Marcha sobre Washington podía ayudar en esa causa, siempre y cuando las manifestaciones fueran pacíficas. No tenía que preocuparse, ya que King maravilló a todos con sus conmovedoras palabras.

Robinson, acompañado por su esposa y tres hijos, estuvo allí también y saludó a King.

Sobre aquel día, Robinson escribió: “Nunca he estado tan orgulloso de ser Negro. Nunca he estado tan orgulloso de estar en los Estados Unidos”.

Viendo la Marcha sobre Washington por televisión, Kennedy-quien nunca había escuchado un discurso entero de King-quedó sumamente impresionado.

Lo mismo que dijeron todos los que conocieron a Robinson tanto dentro como fuera del campo.