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21 agosto, 2020

Paige VanZant cambia las MMA por el violento boxeo sin guantes

“Comprendo que la gente piense que soy guapa, pero antes de nada soy una peleadora y una atleta. Un corte en la cara siempre se cura. Ya me han hecho cortes antes y la gente sigue pensando que soy guapa. Aún no ha afectado a mi carrera. Ahora me pagarán lo suficientemente bien para poder hacerme una operación de estática. Tengo un cirujano plástico en mi marcación rápida del teléfono y puedo enviarle un mensaje: ‘hola, tienes que arreglarme’”. Son palabras de Paige VanZant (Oregon, USA, 1994), la hasta ahora cara bonita de las MMA (Artes Marciales Mixtas), que ha cambiado la UFC por la BKFC, o lo que es lo mismo, los combates de boxeo sin guantes, a mano descubierta, de la Bare Knuckle Fighting Championship.

Durante mucho tiempo, VanZant fue una de las luchadoras más populares de la UFC. Carismática, mediática, buena presencia, repercusión en redes sociales y un récord decente de victorias y derrotas en el mundo de las MMA (8-5; 6-5 en la UFC). Lo tenía todo… pero le faltaba el reconocimiento económico de la empresa más importante de las artes marciales mixtas en el mundo. La promotora contó con ella desde el momento en el que abrió una división de peso paja femenino en 2013, pero tras acabar contrato y después de haber perdido tres de sus últimas cuatro peleas, los caminos de Paige y la UFC se separaron. No había acuerdo monetario y las quejas de la luchadora cada vez eran más sonoras. “Gané más dinero en Dancing With The Stars que en toda mi carrera junta en UFC, contando cada pelea, cada victoria y cada bonus”, declaró VanZant en el programa de ESPN del conocido Ariel Helwani. En el octógono de las MMA, la luchadora cobraba recientemente 46.000 dólares por combate, con un bonus de otros 46.000 por ganar. Nada comparado con los 125.000 dólares que ganaba en el famoso show televisivo de baile de famosos, sólo por asistir a los ensayos y permanecer en la competición durante las dos primeras semanas. Si el público vota para que los concursantes continúen en el programa, ganan un dinero extra cada semana, pudiendo alcanzar cifras cercanas a los 350.000 dólares por aguantar la temporada entera. Viéndolo así, es normal que la joven quisiera probar suerte como agente libre en lugar de aceptar la renovación por lo bajo que le proponía la UFC. “Hago más dinero sentada en casa, subiendo fotos a Instagram, que peleando”.

Guerrera e influencer

La carrera de Paige VanZant sufrió un parón de más de un año, entre diciembre de 2016 y enero de 2018. En ese tiempo, la luchadora fue perdiendo enteros dentro del octógono, pero los ganó fuera. Su cuenta personal de Instagram aumentó cuantiosamente en número de seguidores (actualmente, más de 2.7 millones) después de que se rumorease que la luchadora se había sometido a una operación de aumento de pecho y las imágenes que subía a la red social dejasen poco lugar a dudas. Además comenzó a dar una cobertura muy completa a su día a día más personal, moviéndose en un terreno mucho más de influencer que de atleta. Cuando volvió a pelear cosechó dos derrotas en tres combates, incluida la última contra la brasileña Amanda Ribas, que significó su última puesta en escena en la UFC.

Dentro del círculo de los deportes de contacto se dispararon los bulos. Se habló de su fichaje por Bellator, la compañía rival de la UFC, la empresa japonesa ONE e incluso se abrió una puerta bastante grande a su ingreso en la lucha libre profesional (el pressing catch que diríamos en España) como estrella de la WWE, siguiendo los pasos de la ex campeona de las MMA Ronda Rousey. Su perfil era perfecto para el wrestling y hasta cumplía a la perfección con el canon de belleza y físico que se maneja en cuadrilátero. Sin embargo sorprendió a propios y extraños y se decantó por el boxeo sin guantes. Lo de ir de chica guapa no era su prioridad, sino que quería demostrar a todos que era una auténtica guerrera.

DISPUTARÁ CUATRO COMBATES

La BKFC la ha fichado para cuatro combates, pero además pretende contar con ella como una de las caras visibles de la compañía e incluirla en promociones, análisis y hasta retransmisiones cuando no esté peleando. Según indica el New York Post, el contrato superaría el millón de dólares. Quieren deshacerse del estigma de deporte para bárbaros y mostrar al público generalizado que la belleza y la popularidad mediática no están reñidas con el boxeo menos edulcorado, al que muchos no consideran ni siquiera un deporte.

“Todavía me apasionan las MMA y recientemente me mudé a Florida para entrenar en [el famoso gimnasio] American Top Team, pero ahora mismo estoy centrada en el boxeo”, explica una Paige VanZant que deja la disciplina de contacto que más rápido a crecido a nivel mundial por un producto emergente como el boxeo sin guantes. Mucho más violento, sangriento y peligroso, pero en el que le han extendido la alfombra roja para recibir todos los agasajos que la UFC le negó. Se acabó ser la ‘chica mona’. “Creo que todavía tengo la etiqueta en las MMA de que sólo soy una cara bonita y ésta es mi forma de probar que no me veo así a mí misma”.