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10 octubre, 2018

El COI crea un equipo de refugiados para Juegos de Tokio 2020

Los Juegos de Tokio 2020 volverán a dar visibilidad a la tragedia de los refugiados. El Comité Olímpico Internacional (COI) ha aprobado que en la cita japonesa también haya un equipo de deportistas que han tenido que huir de sus países por guerras o persecuciones políticas, como ya ocurrió en Río
A diferencia de 2016, cuando se organizó con menos de un año de antelación -“bajo una presión tremenda”, según ha reconocido su presidente, Thomas Bach-, esta vez el organismo lo ha anunciado con más previsión. 
De momento, está preseleccionado medio centenar de atletas, aunque la cifra no está cerrada y se espera que aumente.

“En un mundo ideal, este equipo no debería existir. Pero, desafortunadamente, las razones por las que lo creamos antes de Río 2016 todavía persisten”, sostuvo Bach.

El COI explicó, a través de un comunicado, que busca dar cobijo a estas personas, y enarbolar un mensaje de solidaridad y esperanza entre los millones de refugiados.En Río hubo diez deportistas en este equipo que desfilaron y compitieron bajo la bandera olímpica: dos nadadores sirios, dos yudocas de la República Democrática del Congo y seis corredores (cinco de Sudán del Sur y uno de Etiopía). Ellos fueron los seleccionados de entre 43 candidatos, según su nivel deportivo y su situación personal.

Sus historias humanas pusieron voz y rostro a un drama que, a finales de 2017, afectaba a casi 70 millones de personas, según datos de la ONU, una cifra siempre al alza en el último lustro. Por ejemplo, la vida de la nadadora Yusra Mardini, nacida en Damasco, donde su padre era entrenador de natación. En 2012, a los 14 años, ya representó a Siria en los Mundiales de Estambul en piscina corta, y en el verano de 2015 huyó de la guerra junto a su hermana Sarah. Atravesaron Líbano por tierra hasta Esmirna (Turquía) y cruzaron en bote el Mediterráneo hasta alcanzar la isla griega de Lesbos. A los treinta minutos de viaje, sin embargo, el motor se paró y Yusra tuvo que empujar la embarcación durante tres horas y media con los pocos pasajeros que también sabían nadar para llevarlo a puerto. “Qué vergüenza si me muriera ahogada, yo, que soy una gran nadadora…”, confesaba en Brasil.

También se pudo conocer la tragedia de la yudoca Yolande Mabika, a quien la guerra del Congo le arrebató la infancia. Reconoció que no se acuerda de los rostros de sus familiares porque tuvo que separarse cuando tenía diez años. Tanto ella como Popole Misenga, de 24 años, pasaron sus primeros años en un centro para niños desplazados en la capital congoleña, Kinsasa. En 2013, llegaron a Río de Janeiro para el Campeonato Mundial de Judo y decidieron quedarse. No aguantaban más las vejaciones de los entrenadores nacionales que los dejaban sin comer durante días si perdían.

 

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