Los Knicks lograron un imposible el miércoles por la noche en el Madison Square Garden: se recuperaron de una desventaja de 29 puntos para quedarse con el cuarto partido de las Finales NBA. Fue la gesta de un milagro inesperado: con este triunfo, quedaron a solo uno de ser campeones, algo que se les niega desde 1973.
Los Spurs masticarán bronca esta noche. Es, lo que se dice, un pecado de inexperiencia de un equipo que tenía el triunfo en sus manos y lo dejó escapar. Quedarán dando vueltas los tiros libres fallados de Víctor Wembanyama en el último cuarto. La escapada deDe`Aaron Fox que tiró una bandeja cuando podía quedarse la posesión y mantener el resultado en sus manos. Sobran los ‘What if’ esta noche, pero no podemos dejar de valorar lo que hay enfrente: una ciudad que esta noche no va a dormir. Una Gran Manzana que se une como un corazón hecho un puño en ese baile final de Spike Lee, en las miles de celebridades saltando abrazados uno al otro como niños. Verlos así es un regreso al primitivismo. Cuando pasan estas cosas, cuando se gestan esta clase de proezas, no importan los trabajos, ni los millones, ni nada. Es un sentimiento unido que atraviesa personas y los une en una misión mancomunada: cerrar el trabajo, de una buena vez por todas, para dejar atrás las decenas de villanos que frustraron uno a uno los intentos a lo largo de los años.
Quedará en la retina de todos el partido de OG Anunoby. Una auténtica maravilla, un juego de sello que se traduce en lo que verdaderamente es: un talento doble vía elite. Si Karl-Anthony Towns fue el jugador de los dos primeros partidos, Anunoby fue el de los dos últimos. En la derrota y en la victoria. Preferentemente en lo de este miércoles, con la jugada defensiva clave para la tapa contra Fox y con la invasión al rebote ofensivo para el doble fantástico, clave, único, que hizo estallar los vidrios en las inmediaciones del Madison Square Garden.
En el deporte, primero hay que saber sufrir, pero después hay que creer. Jalen Brunson es un especialista en eso, y fue quien puso el balón debajo del brazo para que el equipo sintiera. Un capitán de tormenta. Un termostato único. Fueron 17 puntos en la segunda parte, pero todos oportunos para mantener al equipo a flote. ¿Qué es un triunfo heroico si no es eso? Jugar, pero por sobre todas las cosas sentir. Empujar. Ayudar. Soñar. Los Knicks sufrieron mucho a lo largo de los años para saber qué tienen que hacer para ganar. Los Spurs, talentosos, brillantes, por momentos -como en el primer tiempo- demoledores, son jóvenes. Y en esta clase de situaciones se los ve más jóvenes aún: tan simple como que todavía no han padecido esa caída que los termina de construir. Son horas de vuelo y no se puede acelerar el fruto antes que madure. Más allá del furor que sentimos todos, es su primera postemporada como grupo y van a tener esta clase de decepciones. Parece mentira, pero siempre es igual: se necesita caer, aprender, y luego entonces conseguir triunfos épicos. La enseñanza está grabada a piedra: cada derrota no es otra cosa que un escalón hacia la victoria.
Anunoby tuvo 33 puntos, con 10/15 en tiros de campo y 7/9 en triples. Sumemos a eso cuatro rebotes y el tiro del final. Los Knicks perdían por 27 al término de la primera mitad. Era una sinfonía de Spurs, un calco de los campeones de 2014. Pero el tsunami, con New York, siempre llega en algún momento del partido. Están hechos de esa madera. Por supuesto, esta vez, quizás, se les fue la mano: volver de una desventaja de 27 unidades en contra es la máxima recuperación en la historia de la NBA.
Los Knicks fueron Harvey Dos Caras. Un primer tiempo de infierno y un segundo tiempo de paraíso. No por el juego en sí, sino por la actitud. Hay que tener mucha dignidad deportiva para no tirar la toalla y seguir peleando. Ya lo hizo Brunson contra Cleveland Cavaliers y hoy lo repitió en un momento más importante. Porque si New York perdía este partido, la cosa se ponía gris oscura. Pero lo ganó, por insistencia, por convicción, por no soltar nunca la esperanza. Donde hay una chance, ahí estarán sus jugadores unidos para conseguirla. Donde hay una oportunidad de reescribir el libreto, harán lo imposible por lograrlo.
Podemos aportar mil números a este análisis. Podemos apoyarnos en infinita cantidad de estadísticas, pero serían solo detalles. Los Knicks ganaron por tener el corazón bien puesto en el momento que más lo necesitaban. Por la mano de Dios de Anunoby en ese empujón para la historia. Todas las derrotas anteriores, todas las frustraciones, todas las noches sin dormir, se unieron para darle la energía necesaria a la ciudad para conquistar este triunfo. Los de afuera de la cancha y los de adentro, a puro alarido. No exageramos: puede haber sido la victoria más importante en los últimos 50 años.
El trabajo aún no está terminado, pero después de lo de este miércoles, los Knicks están mucho más cerca. El sábado será el quinto partido en San Antonio.
Un mensaje queda en el aire para todos los que amamos este deporte: que nunca te digan lo que podés o no podés hacer.