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20 marzo, 2019

Mercy Obiero, de los suburbios de Kenia a pionera olímpica de halterofilia

Nairobi, 20 mar (EFE).- Mercy Obiero, de 40 años, siempre se creyó capaz de imitar todo lo que hiciera su hermano, llegando a ser una de las mujeres más fuertes de Kenia y la primera en representar a su país en unos Juegos Olímpicos en halterofilia.

“Si no fuera por mi hermano David Obiero hoy no estaría aquí. Él fue quien me motivó y me animó todo este tiempo, incluso después de que él dejara la halterofilia de forma profesional”, explica Mercy a Efe en un recóndito gimnasio del suburbio de Eastleigh, en Nairobi, habitado en su mayoría por inmigrantes y refugiados somalís.

El característico bullicio de ese barrio, conocido como “pequeño Mogadiscio”, con mujeres cubiertas con coloridos burkas caminando de un lado para otro, vendedores ambulantes bajo un sol abrasador y decenas de hombres tomando té, se ve apaciguado dentro del gimnasio Mennonite Knights, donde Mercy se dispone a comenzar su entrenamiento.

La melosa llamada al rezo de un muecín -poco antes de las cuatro de la tarde- se cuela por las ventanas de este modesto local, donde algunos hombres que levantan pesas miran con recelo a Mercy mientras se coloca sus guantes y protecciones en las rodillas.

“La mayoría de los hombres cree que eres una chica normal y que no puedes levantar tanto peso”, añade la levantadora de pesas, habituada a este tipo de situaciones en los diferentes gimnasios a los que acude, “incluso se preocupan por si te va a pasar algo”.

“Pero a mí me gusta, porque al final siempre les reto y les acabo enseñando algún movimiento nuevo”, añade con entusiasmo.

“Les corrijo -prosigue- y al final me dan la razón, conscientes de que lo que les estoy diciendo es lo correcto”.

Antes de llegar a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, siendo la primera representante femenina de halterofilia en la historia de Kenia y la segunda de toda África Oriental, debutó a nivel internacional en los Juegos de la Mancomunidad de 2002 en Manchester (Reino Unido).

Desde entonces, ha participado en diversas competiciones como los Juegos Panafricanos de 2015 en Brazaville (Congo) -en los que logró la medalla de bronce- o los Campeonatos Africanos de 2016 en la capital camerunesa de Yaundé, donde obtuvo plata en la modalidad de 69 kilos.

Sin embargo, una reciente lesión en la espalda le impidió alcanzar nuevas metas olímpicas, y fue entonces cuando decidió que, quizá, era el momento de pasar su conocimiento a la siguiente generación de mujeres kenianas, para que fueran ellas las que llevaran la halterofilia a su punto más álgido.

“Me gusta mucho entrenar, además puedes llegar a conseguir medallas, dinero…, pero no me gusta solo por el dinero”, dice a Efe una tímida Chanel, de 10 años, hija de Mercy Obiero y a quien ésta entrena junto a otras cinco compañeras.

Para Mercy es importante que las chicas jóvenes comiencen a interesarse por este deporte “poco valorado en Kenia”, porque, a su juicio, las hace ser disciplinadas y organizadas en su día a día tanto en casa como en el colegio.

“(La halterofilia) no es un deporte muy popular en Kenia -reconoce-, menos entre las mujeres, pero está creciendo”.

“A la mayoría les da miedo porque creen que van a ganar mucho músculo y asemejarse a un hombre, pero es mentira, la halterofilia te permite mantenerte en forma y mejora tu sistema cardiovascular”, apostilla.

Marcy sueña a su vez con impulsar este deporte en otros condados kenianos -como los costeros Mombasa o Kisumu- con el fin de que los mitos alrededor de esta práctica se disipen y más mujeres se atrevan a levantar pesas de un centenar de kilos.

“El mayor reto es conseguir que se alimenten seis veces al día y vigilar qué comen en el colegio”, detalla la deportista en relación a sus alumnas, cuyas familias no siempre pueden permitirse una dieta equilibrada, rica en proteínas pero también en frutas y verduras.

A ello se le suma la ausencia de instalaciones deportivas adecuadas, sobre todo, en barriadas como Eastleigh -colindante con el creativo suburbio de Mathare-, donde pese a un fuerte crecimiento económico, albañiles, trabajadoras domésticas o porteadores ganan entre 200 y 400 chelines al día (menos de 3,5 euros).

Su mayor preocupación ahora es conseguir que sus chicas compitan en los campeonatos juveniles de Samoa, para lo que antes de junio tienen que ser capaces de levantar 15 kilos.

“Lo van a lograr, estoy 100 % segura”, augura Mercy Obiero mientras supervisa la técnica de su hija.

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