Noticia

Comparte

7 marzo, 2020

Un gol de Messi le dio el triunfo a Barcelona ante Real Sociedad

BARCELONA (Jordi Blanco, corresponsal en Barcelona) — El Barça es líder. Al menos hasta el domingo por la noche. Lo es gracias a sumar la victoria acostumbrada (1-0) sobre una Real Sociedad que no sabe lo que es puntuar en el Camp Nou desde 1995. Y que este sábado lo tuvo más cerca que nunca, hasta caer derrumbada por un penalti tan claro como extraño, puesto que no lo señaló el árbitro hasta bien pasados dos minutos, tras seguirse jugando y no acudir a la pantalla hasta que el balón se perdió.

Faltaban diez minutos para el final y Leo Messi, quien si no, transformó la pena máxima para aliviar a un Barça al que le falta aliento. Le falta frescura, le falta fútbol, alegría. Le faltan muchas cosas y sobrevive a duras penas. Pero, de momento, ahora mismo, es el líder.

Sin la rapidez de antaño y se diría que con un punto de incomodidad física, Messi sigue siendo el guía al que se agarra el Barça para huir de un declive que a cada partido que pasa da síntomas de estar más asentado en el vestuario.

Previsible, lento y falto de alegría, el equipo azulgrana quedó ya en evidencia en un primer cuarto de hora durante el que Martin Braithwaite, el último en llegar y que se estrenó como titular, pareció un cohete en comparación a sus compañeros. El danés, excitado y entregado a partes iguales, sumó dos ocasiones casi continuadas y acabó marcando un gol, a los 16 minutos, anulado por fuera de juego.

¿Braithwaite y nada más? Eso era lo que parecía en un Barça que echaba de menos la prestancia de Messi. Porque de los demás jugadores azulgranas apenas si había noticias. Griezmann se cansaba en buscar desmarques para nada, De Jong seguía diluido y casi inisible en el interior, Busquets no encontraba donde apoyarse, Rakitic corría sin ton ni son. Algo tan incomprensible como ya visto esta temporada.

Leo la tuvo rozando la media hora y llegándose a los 40 minutos, cuando remató ajustado al palo una cesión corta de De Jong. Apenas nada más de nadie, salvo una salida rápida de Ter Stegen a un pase largo para Portu que fue, casi, lo único que hizo en ataque una Real Sociedad tan bien posicionada como nula en el remate.

La segunda mitad no hizo más que aumentar la sensación de hastío entre la grada, decepcionada cada vez más con el juego plano e insulso de un Barça sin profundidad y al que empezó a poner en problemas la Real en cuanto se estiró, buscando el área de Ter Stegen.

Simplemente un obús de Rakitic que salvó Remiro fue noticiable. Hasta que entró, entre pitos ya no disimulados, Arturo Vidal y de un centro suyo se decidió el duelo. El balón lo tocó con el brazo Le Normand pero el juego siguió. Y siguió y siguió con un ataque posterior del equipo vasco hasta que salió fuera el balón y el árbitro se fue a mirar la pantalla… Y pitó penalti.

Y lo transformó Messi para aliviar, por un partido más, a un Barça mudo en su fútbol, sin mordiente ni chispa. Pero que, de momento, es líder. Probablemente el liderato más triste que se recuerda en el Camp Nou.

———

Atlético complica su asistencia a Champions, tras empate con Sevilla

MADRID — Un vibrante 2-2 sostuvo al Sevilla dos puntos por encima del Atlético de Madrid, igualados en goles, en penaltis y en revisiones del VAR en un estresante y cambiante duelo directo en el Wanda Metropolitano que mantiene en plena ebullición una pugna por la Liga de Campeones hoy por hoy impredecible.

Tanto como lo fue el encuentro de este sábado, con momentos para cada uno, con ocasiones para los dos y con ventajas para el Sevilla, primero, y para el Atlético, después, que no le bastaron a ninguno. Un pulso potente del que sale más fortalecido el conjunto andaluz, porque su ventaja sigue intacta. Y ya ha pasado otra jornada más.

No defraudó el partido. Tenso, intenso, vibrante, potente, emocionante, polémico, con protagonismo del VAR. La Liga de Campeones es un tesoro en el fútbol. Una ‘mina’ que quiere explorar y explotar todo el mundo. Por dinero, por prestigio, por ambición. De ahí no se plantea ir el Atlético y pretende volver el Sevilla.

Tampoco hay margen para el error. Ni descuido posible. Menos aún cuando la temporada entra en su fase determinante con tanto y tanto por competir y con tantos y tantos pretendientes para la tercera y cuarta plaza; el contexto de un partido que enfrentó a dos equipos que sienten, además, que el pase a la ‘Champions’ es una obligación.

No hay términos medios ni para el Atlético ni para el Sevilla, subidos en el mismo tiovivo a lo largo de este curso sobre el que circularon por el primer tiempo en el Wanda Metropolitano; un choque de tremenda agitación que tan pronto sentía suyo uno como iba para el otro lado. Cuatro goles, dos penaltis, mucho VAR… Y empate.

El Sevilla golpeó primero. Ya había avisado Suso, un futbolista muy interesante, con un disparo que exigió la estirada de Oblak. Luego marcó Luuk de Jong, hábil para definir el 0-1 en el minuto 19, después de una serie de hechos que no dejan en buen lugar a la estructura defensiva del Atlético. Ni a Saúl, porque no fue contundente, ni a Savic, porque no eligió bien el momento (no lo hizo en casi ningún tramo del encuentro), ni a muchos de los jugadores que asistieron sin reacción a la jugada. Ni en el primer envío de Jesús Navas ni en el definitivo de Joan Jordán.

La respuesta del Atlético fue rotunda. Primero a través de un penalti por mano de Diego Carlos que requirió la exhaustiva revisión del árbitro Hernández Hernández en el monitor. Lo transformó Morata, reencontrado ocho partidos después con el gol de la misma que había marcado el último hasta entonces, en la Supercopa ante el Barcelona.

Y después al contragolpe. Es la destreza en la que mejor se mueve. No habría sido posible sin el tremendo error en la salida del balón de su adversario en medio campo, impropio de un equipo de su nivel, pero tampoco sin la conducción ni el pase de Koke ni la resolución final de Joao Félix, que convirtió el 2-1 con suspense.

Ha marcado dos goles en los últimos tres encuentros el atacante portugués, que volvió al once titular un mes después. Jugó 80 minutos, demostró su clase, evidenció que cuando el balón pasa por él el juego de su equipo es mucho mejor y parecía la pieza ofensiva más solvente hasta que lo sustituyó Simeone en el 80. Hubo pitos.

No bastó tampoco el 2-1. Ni siquiera para llegar al descanso con ventaja. De nuevo un penalti, esta vez en el otro área, pero con la misma espera hasta la revisión en el VAR. Lo transformó Lucas Ocampos para cerrar un primer tiempo trepidante, digno de la competición que persiguen los dos, la mejor del mundo: la Champions.

Aún tuvo dos ocasiones más el Atlético, sobre todo un cabezazo de Felipe al borde del intermedio, del que pareció volver mejor, en cambio, el Sevilla, que rebuscó el gol con un trallazo de Gudelj, pero que no fue así, en la reapertura de un partido del que nadie se conformaba con el empate. Menos aún el insistente equipo local.

Sin las mismas revoluciones, sin los mismos sucesos, sin esa sensación cambiante, pero igual de vibrante, tenso e imprevisible, como lo fue la intrépida parada de Vaclik. Vencido, en el suelo, tras un disparo de Yannick Carrasco, surgió su mano derecho para repeler un balón a media altura que un segundo antes parecía gol.

Falló Diego Costa, el segundo recurso de Simeone en el banquillo -el primero fue el extremo belga-, la siguiente ocasión, como también lo hizo Carrasco instantes después, con todo a favor y un remate alto; una secuencia de méritos que desprendía la realidad ya indudable de que era el momento del Atlético. No lo aprovechó.

 

Noticias más leídas