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2 noviembre, 2020

El TAS delibera desde este lunes sanción a Rusia por escándalo dopaje

El Tribunal de Arbitraje del Deportivo (TAS) deliberará a partir de este lunes la impugnación de Rusia a su prohibición de participar en las grandes competiciones deportivas internacionales decretada desde hace cuatro años por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), epílogo de un increíble y sofisticado escándalo de dopaje institucionalizado con trasfondo de Guerra Fría y novela de espías.

En ausencia de un acuerdo entre ambas partes, los tres árbitros designados por el TAS examinarán este caso a puerta cerrada hasta el viernes 5 de noviembre en un lugar de Lausana mantenido en secreto antes de emitir su decisión en una fecha no revelada.

Exasperada por las repetidas trampas de Rusia, la Agencia Mundial Antidopaje había pedido una audiencia pública en el punto álgido del peor escándalo estatal de dopaje en décadas, que había llegado a negar la ilusión de un deporte cada vez más limpio.

Sin equivalente en la historia de la justicia deportiva, esta disputa concentra las expectativas de los deportistas rusos, amenazados por cuatro años sin competiciones de prestigio; de la AMA, que realizó esfuerzos de investigación sin precedentes; y el del mundo del deporte, con el COI a la cabeza, ocho meses antes de los Juegos Olímpicos de Tokio.

El pasado mes de enero el presidente del COI, Thomas Bach, había pedido al TAS que decidiera sin ambigüedades, “porque si hay margen de interpretación” las federaciones internacionales podrían tener lecturas distintas “y eso llevaría a la confusión total”.

Legalmente, el marco es más claro que antes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, cuando la AMA recomendó la exclusión de los deportistas rusos rechazados por el COI, o antes de los de Invierno de Pyeongchang 2018, en los que el TAS autorizó a 28 atletas suspendidos de por vida por el organismo internacional, para disgusto de las autoridades mundiales.

Esta vez se trata de validar o no las sanciones propuestas en diciembre de 2019 por la AMA y rechazadas por la Agencia Antidopaje rusa (Rusada) debido a la manipulación de los archivos informáticos del laboratorio antidopaje de Moscú para el período 2011-2015.

En su informe, los investigadores establecieron dos tipos de manipulación: la eliminación de rastros de controles positivos de dopaje, y la introducción de intercambios falsos destinados a comprometer a Grigory Rodchenkov, exdirector del laboratorio que se convirtió en el principal informante de la AMA, y dos de sus adjuntos.

Por lo tanto, la AMA aplicó el ISCCS, un texto presentado en abril de 2018 que la autorizaba a tomar medidas enérgicas en todos los sentidos: a Rusia no sólo se le prohibió participar durante cuatro años en los principales eventos deportivos, incluidos los Juegos Olímpicos de verano de Tokio 2020, de invierno de Pekín 2022 y también de verano de París 2024, sino que tampoco puede organizarlos en su suelo. Solo los atletas que demuestren que no han sido incluidos en ningún proceso de dopaje podrán alinearse bajo una bandera neutral.

Lejos de limitarse a escaramuzas de expertos en informática, el caso se remonta a 2010, involucra a los servicios secretos y al Ministerio de Deportes de Rusia, y ha alimentado las tensiones entre Moscú y los organismos deportivos internacionales, que son percibidos como instrumentos de dominación occidental.

“Quieren evitar, por medios poco deportivos, que nuestros atletas logren el éxito que se merecen”, dijo Vladimir Putin en octubre. “Ya sabéis lo que dicen los entrenadores en estos casos: cuando juegas fuera, no debes quejarte, sino golpear la cabeza con más fuerza que los adversarios”.

Hace diez años, la corredora de media distancia rusa Yuliya Stepanova y su esposo Vitaly, excontrolador de Rusada, alertaron a la AMA sobre el dopaje institucionalizado en Rusia y terminaron recurriendo al canal de televisión alemán ARD, que había emitido desde diciembre de 2014 una serie de documentales condenatorios.

El escándalo se convirtió en una novela de espías cuando Grigory Rodchenkov, ex jefe del laboratorio antidopaje de Moscú obligado a dimitir y refugiado en Estados Unidos, admitió en la primavera de 2016 haber orquestado durante años el encubrimiento del dopaje ruso en coordinación con el Ministerio de Deportes, encabezado por Vitaly Mutko, un amigo cercano de Vladimir Putin.

Para engañar a los observadores de la AMA en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, explicó el científico, su equipo manipulaba botellas de orina de los deportistas rusos a través de un miembro del FSB, el servicio secreto del país. El espía, disfrazado de limpiador, quitaba la tapa que se suponía que era a prueba de manipulaciones con la herramienta de un cirujano doblada para la ocasión y luego reemplazaba el contenido con orina ‘limpia’ almacenada de antemano.