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7 octubre, 2018

Se abrió el telón Juegos Olímpicos Juventud con fiesta impresionante

Si a alguien le quedaban dudas de que el deporte y el arte mueven multitudes, alimentan el espíritu, permiten soñar en grande y revolucionan los sentidos hasta un sitial que sólo el amor puede igualar, probablemente se las haya sacado con la ceremonia inaugural de los terceros Juegos de la Juventud. El fuego olímpico está en la Argentina. Lo encendieron Santiago Lange y Paula Pareto después de que lo transportaran Luciana Aymar, Sebastián Crismanich,Walter Pérez, Gabriela Sabatini, Pedro Ibarra y Cecilia Carranza Saroli arriba de una carroza y miles de relevistas por el hermoso territorio nacional. Una nación llena de gente que merece ser respetada, más allá de que siempre haya crisis cíclicas -causadas por humanos, no por aliens- que se empeñen en destruir proyectos de vida.

La bienvenida a Buenos Aires 2018 la dio una fiesta inaugural que combinó con justeza la belleza impactante de un Obelisco convertido en escenario por Fuerza Bruta, con acróbatas subiendo y bajando sus caras, el sentimiento musical y el reconocimiento al impacto que generan atletas legendarios de un país que no puede ni debe descuidar el valor inclusivo del deporte social y el ejemplo de los atletas de alto rendimiento. Y las entre 200 y 215.000 personas que se acercaron a la 9 de Julio así lo entendieron.

Habían pasado las dos horas de shows previos para que la multitud se entretuviera con baile y versiones de música electrónica sobre canciones de enormes cantantes o bandas argentinas cuando la gran avenida se apagó. Las pantallas LED que son moneda corriente a la altura del Obelisco ya estaban negras para no interferir con la luz que vendría. Y comenzó la cuenta regresiva. Las caras del Obelisco se fueron decorando con Caminito o un filete bien porteño. Hasta que el “1” llegó y dio paso a los fuegos artificiales a la altura de la avenida Córdoba.

Con la animación de Matías Martin y el baile de un grupo de vestuario bien colorido, entraron gran parte de los 4.000 atletas de entre 15 y 18 años que desde hoy competirán en los primeros Juegos con igualdad de género y hasta en pruebas en las que hacen pareja o equipo con deportistas de otros países. Nada de formalismos. Al lado de un japonés había un guatemalteco, un nigeriano y un colombiano. Esa confraternidad que se iluminó en la Villa Olímpica estaba ahora caminando hasta delante del escenario. Ellos y ellas son los auténticos protagonistas de estos Juegos de la Juventud.

Entonces, el silencio. El impacto del primer acorde pensado por Blas Parera. El Himno Nacional. Y ella, en las alturas. Allá arriba, en la punta del Obelisco, una mujer vestida de negro hacía flamear una enorme bandera argentina. A medida que el público cantaba la canción patria, caminaba por la cara Sur… hacia abajo. Sin dramas. El celeste y el blanco teñían todo mientras Ángela Torres cantaba los versos de Vicente López y Planes. Demoledor para los sentidos y para el alma. Sensacional.

PROTOCOLO ABANDERADOS

El protocolo marcó el desfile de los abanderados, algunos con la indumentaria deportiva y otros con un vestuario tradicional de su cultura. De Grecia, como señala la tradición olímpica, a la aplaudida de Venezuela y a la ovacionada de la Argentina, con el velista Dante Cittadini como abanderado, un honor bien ganado como campeón mundial juvenil de la clase Nacra 15.

Y nuevamente el impacto. Los cinco anillos, todos blancos, colgando de una grúa con acróbatas haciendo de las suyas en lo alto: dos varones y tres mujeres. Chispas a los costados y a medida que bajaban, agua rociando a los atletas que estaban debajo, en primera fila de semejante show artístico.

Todos se quedarían anonadados con lo que faltaba: el Obelisco convertido en sede deportiva. La cara Sur era de golpe una pista de atletismo con tres andariveles y tres deportistas arrodillados listos para largar. Un intento y una caída. Otro intento y otra caída. Claro, no tenían la técnica correcta con las palmas bien rectas. Entonces sí las colocaron bien y hubo festejo en lo alto.

El Obelisco era una avenida y subían cinco bicicletas por lado. Luego le tocó a una chica con peluca rubia en rollers. Surgió el agua en las imágenes proyectadas desde dos edificios y un bote amarillo echó a andar hacia arriba. El remero iba bien hasta que lo acechó otro por su izquierda y lo alcanzó para el fotofinish. Llegó el turno de los saltos ornamentales y el clavadista literalmente se lanzó al vacío desde la mitad del monumento. Madre santa. Pasaron dos garrochistas y el final quedó a cargo de cuatro ciclistas de BMX que hicieron piruetas con los arneses hasta la ovación final.

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