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ESCÁNDALO APUESTAS MEDIAS BLANCAS DE CHICAGO

En la Serie Mundial de 1919 el béisbol vivió la página más negra de su historia, cuando ocho integrantes de los Medias Blancas de Chicago se vendieron a los apostadores para perder ante los Rojos de Cincinnati el clásico de octubre, que ese año volvió a su formato original de nueve juegos.

 

Los lanzadores Ed Ciccote y Lefty Williams, los jardineros Joe ”Shoeless” Jackson y Happy Felsch, y los infielders Buck Weaver, Fred McMullin, Charles Risberg y Arnold Gandil fueron los autores de esta farsa que les costó su expulsión de por vida de los terrenos de béisbol, aún cuando algunos de ellos tenían dotes que los hubieran llevado hasta el Salón de la Fama de Cooperstown.

 

Ciccote, ganador de 29 partidos en la temporada regular, permitió cinco hits seguidos y otras tantas carreras en el cuarto inning, mientras que Walter Ruether dejaba a Chicago en seis hits y el mismo se ayudaba al disparar tres imparables, dos de ellos triples, e impulsaba tres. El resultado 9-1 fue un signo inequívoco de que algo andaba mal.

 

Arnold Rosthein, apostador neoyorquino, había organizado el fraude, de acuerdo con Ciccote. Este, a su vez, debía convencer a otros compañeros para que se sumaran a la patraña y si lo lograba, debía golpear al primer bateador que enfrentara.

 

Así lo hizo y las apuestas empezaron a correr de manera desaforada a favor de los Rojos, que se impusieron 9-1 en el Redland Field de Cincinnati.

 

El segundo juego formaba parte también del engaño. El zurdo Williams, abridor de los Medias Blancas, regaló tres boletos seguidos antes de permitir triple de Larry Kopf. Slim Sallee se llevó el triunfo 4-2 y los Rojos se colocaron delante 2-0 en la Serie.

 

Las acciones se trasladaron al Comiskey Park de Chicago y los Medias Blancas dependieron del novato zurdo Dickie Kerr, quien se negó a participar en el fraude y luego fue conocido por el sobrenombre de ”El Incorruptible”.

 

Chicago se impuso con marcador de 3-0 en ese tercer juego, en el que, por cierto, se produjo el debut del cubano Adolfo Luque, primer latinoamericano en participar en una Serie Mundial.

 

Luque entró de relevo en el octavo inning y no permitió carreras. En total trabajó cinco capítulos en blanco como apagafuegos en la Serie de 1919, tolerando apenas un imparable y propinando seis ponches.

 

Cincinnati aumentó su ventaja 3-1 en el cuarto desafío al ganar 2-0 con trabajo completo de Jimmy Ring. Ciccote volvió a vender su alma al diablo y cometió dos ”errores” en el quinto episodio para permitir las carreras de los Rojos.

Medias Blancas 1

Y en el quinto partido Williams imitó a Ciccote, al ceder un racimo de cuatro carreras en el sexto inning, cuando el juego marchaba empatado a cero. Cincinnati ganó 5-0 con Hod Eller en la lomita, autor de nueve ponches, seis de ellos consecutivos.

 

Kerr salió al terreno en el sexto juego, dispuesto a defender su honor y logró la victoria 5-4, mientras Gandil decidía el choque con hit en el décimo inning que impulsó a Weaver. Ring, de relevo, cargó con la derrota.

 

Ciccote quiso salvar las apariencias y en el séptimo encuentro de la Serie espació siete imparables de los rivales para llevarse la victoria por 4-1, mientras Jackson impulsaba la carrera decisiva con hit, pero en el octavo partido, Williams completó la farsa y desde temprano permitió cuatro carreras en el primer inning.

 

Semejante fraude le valió a los Medias Blancas el sobrenombre de ”Medias Negras” y desde entonces nunca han podido ganar una Serie Mundial.

 

Al momento de su expulsión, ”Shoeless” Jackson sumaba average de por vida de .356 en 13 temporadas, el tercero más alto de todos los tiempos.

 

En la Serie Mundial, a pesar de estar involucrado en el arreglo, bateó para .375, con seis impulsadas, mientras consiguió el único jonrón del certamen.

 

Por su parte, Ciccote acumulaba 207 triunfos en 14 años y también apuntaba hacia Cooperstown.

 

El juez Kennesaw Mountain Landis fue designado para investigar el escándalo y posteriormente se le nombró comisionado de las Grandes Ligas, cargo que prevalece hasta nuestros días para, entre otras funciones, impedir que casos como el de 1919 vuelvan a repetirse.

 

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