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HISTORIA SEDE 2003

Referirnos sobre los Juegos Panamericanos celebrados en la ciudad de Santo Domingo, en el año 2003, sin previamente remontarnos a la historia de este magno evento multideportivo, sería faltar a la esencia y trascendencia del mismo, pues más allá de las competencias deportivas que hacen de sí su objetivo primordial, este es un festival de hermandad y amistad entre los países de las Américas.

Los Juegos Panamericanos se celebran cada cuatro años, en el año que antecede al de los Juegos Olímpicos, y estos son organizados por la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA). Los primeros Juegos Panamericanos se celebraron en Buenos Aires, Argentina, en 1951, pero tuvieron su origen más de dos décadas antes.

Durante el Congreso Olímpico que coincidió con la celebración de los Juegos Olímpicos de 1924 en París, Francia, los miembros del Comité Olímpico Internacional de Cuba, Guatemala y México propusieron que se establecieran juegos regionales en los que participarían los países de Centroamérica. Es necesario destacar, que la idea de regionalizar los Juegos, la había expuesto durante sus primeros años de mandato presidencial al frente del Comité Olímpico Internacional (COI), el conde Henry Baillet Latour.

Posteriormente, en el 1932 durante los Juegos Olímpicos que se celebraron en Los Ángeles, algunos de los representantes de las delegaciones de Latinoamérica propusieron que se celebraran juegos regionales para todas las Américas. Esta propuesta finalmente logró que se reuniera en Buenos Aires, por primera vez, el Congreso Deportivo Panamericano en agosto de 1940. El Congreso eligió a esta ciudad como la sede de los primeros Juegos Panamericanos en 1942, pero la segunda guerra mundial obligó la postergación de los mismos.

Un II Congreso Deportivo Panamericano se reunió en Londres, Inglaterra, durante los Juegos Olímpicos de 1948, en donde los delegados de América aprobaron la celebración de estos Juegos, fijando el año de 1951 como la fecha de nacimiento para este gran evento del hemisferio americano en materia deportiva. Los primeros Juegos Panamericanos se inauguraron en Buenos Aires, el 25 de febrero de 1951 y participaron más de 2,300 atletas provenientes de 21 países.

A lo largo de más de 50 años, los Juegos Panamericanos jamás se dejaron de disputar y pasaron por ciudades de todas las áreas del continente americano. En cada edición, los Juegos Panamericanos fueron creciendo de tamaño e importancia. En menos de medio siglo, el evento se duplicó en número de países, atletas y modalidades, hasta tornarse una de las principales competiciones del calendario deportivo mundial. Ciudades como México, Chicago, Sao Paulo, Winnipeg, entre otras, han logrado obtener la sede de dichos Juegos.

En el año 2003, la sede de los Juegos Panamericanos la obtiene Santo Domingo, República Dominicana, pero lograr tan importante conquista fue en sí misma una proeza olímpica, pues existía mucho escepticismo en los círculos olímpicos, tanto nacionales como internacionales, de que este sueño pudiera cristalizarse. Sin embargo, demostramos que una nación pequeña como la nuestra puede soñar en grande y que su capacidad, trabajo y esfuerzo pueden corresponderse al tamaño de sus sueños.

Este gran proyecto se venía incubando desde el 1989, cuando un grupo de dominicanos  comprometidos con el desarrollo del deporte, celebramos un Congreso Deportivo en la Biblioteca Nacional en el que establecimos 13 puntos claves para el desarrollo en dicha área de la Nación Dominicana. Este último punto de la agenda consistía en conseguir la Sede de los Juegos Panamericanos en 1999. Dicha propuesta, contó con el apoyo de todas las Federaciones Deportivas Nacionales.

La inversión requerida en ese momento (1989) rondaba los 600 millones de pesos (unos 60 millones de dólares a la paridad de la época). Le presentamos al presidente de entonces, el Dr. Joaquín Balaguer, en presencia del Ing. Bienvenido Martínez Brea (Bebecito), un propulsor del deporte a nivel nacional, un análisis meticuloso de lo que tendría que invertir el Estado Dominicano para el montaje de estos Juegos, incluyendo las obras que se tenían que edificar. El Dr. Balaguer hizo suya la idea y nos entrega una primera partida de fondos por la suma de 200 mil pesos dominicanos, para iniciar una pequeña campaña nacional e internacional a favor de los Juegos, en la que estuvo participando activamente el síndico Rafael Corporán de los Santos.

Durante los años 1991, 92 y 93, el presidente Balaguer nos asigna 1 millón de pesos adicionales a los 200 mil que habíamos recibido, en procura de convencer a los Comités Olímpicos de cada país de América. Esta campaña estuvo matizada por el contacto personal de los dirigentes del Comité Olímpico Dominicano con sus contrapartes de cada uno de los Comités Olímpico del continente. Es de destacar, el apoyo que recibimos de los países más pequeños de la región y la incansable labor de los dirigentes olímpicos de la talla de Nelly Manuel Doñé, Gonzalo Mejía, Luís Mejía (Luisín), Luís Elpidio Cumba, Julio Cross, Joselin Ramos, entre otros.

Para el verano de 1994, finalmente llegó el día de la elección de la sede en la ciudad de Guayaquil, Ecuador, y en la ronda semifinal se encontraban Bogotá, Colombia; Winnipeg, Canadá y Santo Domingo, República Dominicana. Nuestros amigos colombianos quedaron descartados y Santo Domingo llegó a la ronda final, empatado, con Winnipeg. Cabe destacar el gesto solidario de la Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, Noemí Sanín, quien expresó públicamente que “los Juegos se iban a quedar en español”.

En una segunda ronda, Santo Domingo y Winnipeg resultaron empatados nueva vez. Si en la tercera ronda hubiésemos obtenido los mismos votos, automáticamente Santo Domingo ganaba la sede, porque los estatutos de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), contemplan que después de tres empates la sede se le entregaría a la ciudad que no hubiese montado nunca los Juegos, o en su defecto el presidente de la ODEPA puede tomar una decisión al respecto.

En la tercera ronda de votaciones, uno de los votos nuestros se pasó para el lado de Winnipeg y perdimos por dos votos. Con eso Winnipeg ganó en 1994 en buena lid todo el derecho para montar los XIII Juegos Panamericanos correspondiente al año 1999.

Estoy convencido que hubo una “mano secreta” para que Santo Domingo no obtuviera esa victoria. Sin embargo, debo reconocer dos cosas: primero, la elegancia y la honestidad de los dirigentes canadienses en su comportamiento durante la campaña para la obtención de la sede; y segundo, el desprendimiento, sacrificio y trabajo tesonero de los dirigentes olímpicos dominicanos para obtener el éxito. Una anécdota que revela el estado de ánimo de nuestra delegación compuesta por artistas, bailarines, músicos, dirigentes deportivos, y el entonces alcalde de nuestra ciudad, Rafael Corporán de los Santos, es que cada uno de ellos no pudieron contener las lágrimas y se refugiaron en sus diferentes habitaciones.

A la fiesta de celebración del Comité Olímpico Canadiense y de su Comité Organizador, solamente asistimos Corporán de los Santos y yo. Fuimos recibidos no como vencidos, sino con la admiración de gente que entendía que esta pequeña nación le había no solamente “jugado limpio” sino que había sido un adversario formidable frente a una nación gigante como Canadá.

Tratando de sobreponerse al dolor y la tristeza, Corporán de los Santos bailó a ritmo Merengue con la Alcaldesa de Canadá, dejando salir la alegría que le caracteriza, y dando una muestra del espíritu caribeño y vitalidad de nuestro pueblo ante ojos extranjeros.

Salimos de Guayaquil en un avión de Iberia con destino a Santo Domingo, hicimos escala en Quito, capital de Ecuador, y caminando por las calles de esa hermosa ciudad, decidimos que optaríamos de nuevo por la sede para el año 2003.

Se comienza la segunda campaña en el 1996, y nos reunimos en el Palacio Nacional con el entonces presidente, el Dr. Leonel Fernández Reyna. Esta vez, el presupuesto ascendía a unos 1,800 millones de pesos dominicanos, incluyendo las instalaciones y los ajustes por inflación. Al momento de terminar la reunión con el presidente Fernández, la cual se extendió por más de tres horas e hizo más de cien preguntas, este nos manifestó lo siguiente: “yo he leído todas las informaciones negativas que se han publicado en la prensa dominicana y yo no encuentro ningún argumento valedero para impedir la realización de los Juegos en el país”, recuerdo sus palabras vívidamente.

Pocos días después de dicha reunión, el Dr. Fernández instruyó al entonces Secretario de Estado de Deportes, Juan Marichal, para que nos entregara una buena partida de recursos para tratar de conseguir la sede de los XIV Juegos Panamericanos 2003. Esta partida del Gobierno Dominicano se vió incrementada en 3 millones de pesos que nos donó el productor de televisión, Freddy Beras Goico, fruto de una rifa de automóviles que realizó en su programa dominical.

Con dichos recursos y firme determinación, enfrentábamos a las ciudades de Medellín, Colombia; Santiago de Chile y a Guadalajara, México. Esta fue una campaña larga, costosa y difícil, ya que estas tres ciudades se comprometían a pagar todos los pasajes aéreos, la estadía de los atletas y de los delegados, además de suministrarle dinero a cada Comité Olímpico que participara.

Era evidente que no podíamos competir en esas condiciones y mi respuesta en una Sesión Extraordinaria de la ODEPA, en México, fue que con el dinero que se debía dar para la obtención de la sede los dominicanos podríamos vacunar contra todas las enfermedades infecciosas a los niños de nuestro país. En ese momento, recuerdo que Luís Mejía (Luisín) se paró de su asiento y le mostró a los delegados que lo único que podíamos ofrecer era una gorra y una camiseta, lo que fue un vaso de agua fría en el seno de la ODEPA.

Estábamos seguros de que nuestros compañeros de Latinoamérica habían entendido en mensaje, y muchos de ellos nos manifestaron su admiración en los pasillos del hotel donde se hospedaba nuestra delegación. Creo que ese día ganamos muchos votos.

De ese momento en adelante, la campaña se dividió en dos temas fundamentales: primero, involucrar de manera personal a los países que simpatizaban con nosotros; y segundo, cambiamos el lema de la campaña por el de “Nuestros Juegos”. Pero, ¿los Juegos de quiénes? De los más pequeños, de los que nunca han obtenido nada y de los que nunca han sido tomados en cuenta. Nuestra actitud, acompañada con este nuevo lema, nos acercó aún más a esos países que iban a votar por la República Dominicana, logrando que se sintieran compromisarios con nuestras aspiraciones.

Esta campaña se sintió de manera especial en los países más pequeños, logrando en la primera ronda de votación, la aprobación de 23 países de los 42 que conforman la matrícula de la ODEPA. Es decir, solo necesitábamos 2 votos más para ganar la sede. Cabe resaltar, el apoyo recibido en ese momento del Comité Olímpico de Estados Unidos y de Canadá. De seguro que estos nos vieron desde su altura como el pequeño David, con la honda colgada en su hombro.

Otro hecho interesante, fue el haber mantenido el contacto con nuestros amigos de Colombia, con quienes llegamos a un acuerdo de que en caso de que ellos quedaran por encima de nosotros, les cederíamos nuestros votos, en caso contrario darían su apoyo a nuestra propuesta. Compromiso que honraron al quedar detrás de nosotros.

Las votaciones de 1998 se llevaron a cabo en la ciudad de Panamá, en donde finalmente obtuvimos el honor de conseguir la sede para montar los XIV Juegos Panamericanos 2003, con una votación de 31 a favor de Santo Domingo y 20 para Guadalajara.

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